Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 27 de marzo de 2017

Visitando la Catedral, -XXI. La Sacristía Mayor.


Recorrer la Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla no es fácil. Su gran tamaño, su forma de cruz griega con brazos muy cortos, la importante presencia en sus muros de pinturas dignas del mejor museo y las numerosas vitrinas, estatuas y diversos objetos distribuidos por su planta hacen que intentar reflejar en su totalidad los detalles que albergan esta estancia sea una misión prácticamente imposible.
Puerta de comunicación entre el Patio del Cabildo y la Sacristía Mayor.
Como el resto de las estancias capitulares, la Sacristía Mayor no formaba parte de la Catedral primitiva, sino que fue adosada con posterioridad, como todo el lateral que linda con el Archivo de Indias, de ahí que su estilo sea renacentista frente al gótico del edificio cristiano original.
Muro de los pies de la Sacristía Mayor.
Comenzada por Diego de Riaño, a la muerte de este, en 1.534, continuó la obra su entonces aparejador, Martín de Gaínza, hasta 1.543, en que se entregó la obra. Sin embargo, el arquitecto y profesor de la Universidad de Sevilla, Ricardo Sierra, afirma en su libro 'Diego de Siloé y la nueva fábrica de la Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla', que el proyecto de la Sacristía pertenece a Diego de Siloé y no a Diego de Riaño, ni a Martín de Gainza. Argumenta esta autoría en la relación existente con la arquitectura de la Catedral de Granada y la Sacra Capilla de El Salvador de Úbeda (Jaén), ambas de Siloé. Al parecer, el Cabildo intentó contratar a Siloé para la obra, a lo que se negó el maestro, que en esos momentos estaba enfrascado con la construcción de la Catedral de Granada, aunque sí que pudo haber realizado los planos que posteriormente usaron Riaño y Gaínza. Como esta teoría se basa únicamente en parecidos formales, sin aportación de documentación escrita, la dejo en suspenso en tanto no surjan novedades.
Cabecera de la sala vista desde los pies.
La Sacristía posee tres capillas en la cabecera, con sus correspondientes altares y retablos-marco que luego detallaremos. El crucero está cubierto por una espectacular bóveda de media naranja con linterna, cuyas pechinas se sostienen mediante enormes pilastras con dos medias columnas adosadas cada una, que configuran cuatro grandes arcos torales. Un friso con abundantes adornos platerescos une los capiteles de las pilastras en todo el perímetro de la sala, en tanto que las esquinas de la cruz se adornan con bóvedas en forma de veneras.
Las tres capillas que forman la cabecera.
La bóveda del crucero dispone los relieves que la adornan en tres anillos, que representan El Juicio Final, con las figuras de Cristo entre la Virgen y San Juan Bautista, y una escenificación de la Corte Celestial con Profetas, Patriarcas, Santos y Ángeles; en el anillo inferior están los condenados. En las pechinas aparecen representaciones de apóstoles y obispos.
Bóveda del crucero.
Ya no existen los aparatosos armarios-vitrina en los que, al igual que en el Antecabildo, se exponía parte de los tesoros de la Catedral. Actualmente los objetos están repartidos entre la Sala de Ornamentos y las vitrinas distribuidas por esta misma Sacristía.
La Sacristía Mayor antes de 1.992.
Comenzaremos el recorrido en el pasillo que nos ha traído aquí desde el Patio de Cabildo, visitando primero las tres capillas que se sitúan en la cabecera de la sala y, regresando al punto de entrada, giraremos en el sentido contrario de las agujas del reloj. Aunque antes daremos un vistazo general a la sala.
Lateral del lado del Evangelio.
Lateral del lado de la Epístola.
La capilla del lado izquierdo está presidida por un gran lienzo, sostenido por un sencillo marco, que muestra El martirio de San Lorenzo, atribuido a Lucas Jordán, discípulo de José de Ribera, realizada en algún momento durante los diez escasos años que permaneció en España.
Capilla de San Lorenzo.
El martirio de San Lorenzo. Lucas Jordán, siglo XVII.
Altar-relicario de la capilla.
Bóveda de casetones.
La capilla central nos ofrece una gran obra de Pedro de Campaña, El Descendimiento de Cristo, óleo sobre tabla alojado en un marco de hechura similar al anterior. Procede de una capilla de la antigua iglesia de Santa Cruz (la situada en la actual plaza del mismo nombre, derribada por los franceses), costeada por Hernando de Jaén). Sustituyó a un retablo anterior con pinturas de Juan Pérez.
Sobre el altar, construido también en mármol jaspeado, vemos varias imágenes de Jesús y San Juan Bautista Niños. Si nos situamos justo ante el altar, comprobaremos que está hueco, mostrando a través de un vidrio, los basamentos, delicadamente tallados en piedra, de los antiguos altares de esta estancia. Al parecer, los tres conjuntos de baldas con reliquias que se muestran por separado en estas tres capillas formaban inicialmente un único cuerpo en el altar central.
El Descendimiento de la Cruz. Pedro de Campaña, 1.547.
Fue encargado por Fernando de Jaén para la capilla que poseía en la desaparecida iglesia de Santa Cruz, tras cuya demolición a cargo de las tropas francesas pasó a la Catedral.
Figuras de Niño Jesús y Sanjuanitos.
Basamentos de los antiguos altares de las capillas.
Bóveda de la capilla central. Se nos muestra La Coronación de la Virgen, realizada por Martín de Gaínza en 1.543. En el centro aparece la Virgen, coronada por dos angelillos, rodeada por los Apóstoles.
La capilla del lado de la Epístola está dedicada a Santa Teresa de Jesús, representada por los pinceles de Francisco de Zurbarán sobre el año 1.650. Aparece la Santa en un momento de arrebato místico, recibiendo la inspiración del Espíritu Santo para escribir. 
Capilla del lado de la Epístola.
Santa Teresa de Jesús. Francisco de Zurbarán, sobre 1.650.
Altar de la capilla.
Bóveda baída de casetones.
Vistos los tres altares de la cabecera de la Sacristía, iniciamos el recorrido por el muro del lado del Evangelio, partiendo desde el altar de San Lorenzo. Esta sería la vista de dicha zona, tanto en la parte alta como en la baja:
Parte alta del muro del Evangelio. 
Inmaculada. Anónimo sevillano, 1.620. 
San Isidoro. Murillo, 1.655. Se considera por tradición popular que el modelo para esta pintura fue el licenciado Juan López Tabalán.
La Visión de San Ignacio de Loyola. Alonso Vázquez, 1.595.
Parte baja del muro del Evangelio. 
Entre los muchos tesoros que encierra la Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla está el Tríptico-Relicario de las Tablas Alfonsíes. Se trata de la pieza de plata más antigua que se conserva en la Catedral, realizada entre 1.252 y 1.284 por el platero Juan de Toledo, según creencia popular. Fueron donadas al Cabildo por el propio Alfonso X en 1.284 con la condición de que su cuerpo descansara en la Catedral tras su muerte, cosa que es casi del todo cierta, ya que si bien su cuerpo recibió sepultura en la Capilla Real (igual que el de su madre, Beatriz de Suabia), su corazón y sus entrañas tienen enterramiento propio en la Catedral de Murcia. 

Tablas Alfonsíes, Virgen del Arzón y Llaves de la ciudad. 
La causa de esta evisceración es la siguiente: el rey Sabio dispuso en su testamento que su cuerpo fuera sepultado en el monasterio de Santa María la Real, de Murcia, por ser este el primer territorio conquistado por el monarca, y que, si no fuese posible, que su corazón fuese llevado y enterrado en el monte Calvario, en Tierra Santa, y el resto de sus vísceras al mencionado monasterio murciano. Sin embargo, su deseo no se vio cumplido del todo, y tanto el corazón como las entrañas se enviaron a Santa María la Real. En 1.525, por orden del emperador Carlos V, fueron trasladados a la Capilla Real de la Catedral de Murcia, donde se muestran, en el interior de un cenotafio de piedra labrada, con la inscripción:

"AQUI ESTAN LAS ENTRAÑAS DEL SEÑOR REY DON ALONSO X, EL QUAL MURIENDO EN SEVILLA POR LA GRAN LEALTAD CON QUE ESTA CIBDAT DE MURCIA LE SIRVIO EN SUS ADVERSIDADES LAS MANDO SEPULTAR EN ELLA".
Urna con el corazón y las entrañas de Alfonso X, el Sabio.
Capilla Mayor de la Catedral de Murcia (Wikipedia).
El tríptico que forma las Tablas Alfonsíes está realizado en madera de alerce, recubierto con chapas de plata repujada y sobredorada e incrustaciones de esmeraldas, amatistas, esmaltes y camafeos. En los casetones que las forman se guardan 320 reliquias de santos; en los casetones del anverso figuran reliquias cubiertas por cristal de roca y en el centro y en las hojas laterales aparecen magníficos camafeos, destacando la representación en ágata de la Virgen con el Niño y, a sus lados, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. En el reverso se disponen medallones heráldicos de Castilla y León y relieves de La Anunciación y La Adoración de los Reyes
 Virgen del Arzón.
Es una pena, por otra parte, que dos de las joyas más emblemáticas de la Catedral, las Tablas Alfonsíes y la Virgen del Arzón,  (además de las llaves de la ciudad, de indudable valor histórico) compartan tan minúscula vitrina que, además, es la más baja de todo el conjunto que adorna la Sacristía Mayor.
Llaves de la ciudad, entregadas por Axataf a San Fernando tras la rendición de la ciudad. La más pequeña es de hierro forjado, y muestra inscripciones, en caracteres cúficos que rezan: "Concédenos, Alá, el beneficio de la conservación de la ciudad" y "De Alá es todo el imperio y poderío". La llave de mayor tamaño, de plata, también muestra inscripciones: "Rey de Reyes abrirá: rey de toda la tierra abrirá" y "Dios abrirá: Rey entrará". 
Sobre la cajonera adosada al muro de este lado de la Sacristía se exponen tres piezas muy interesantes: dos bustos-relicario de San Pío y San Laureano, que formaban parte del altar de plata cuando este se montaba, realizados ambos por Juan Laureano de Pina en 1.662 y, entre ellos, un Niño Jesús muy del estilo de Martínez Montañés, del que no he encontrado información.
Busto-relicario de San Laureano. Juan Laureano de Pina, 1.676. 
Niño Jesús.
Busto-relicario de San Pío. Juan Laureano de Pina, 1.676. 
La siguiente vitrina se dispone en dos niveles. En el superior veremos una serie de joyas personales, principalmente cruces pectorales y anillos, donados por prelados que ejercieron en la ciudad. El nivel inferior aloja cuatro arcas de plata que contienen reliquias de diferentes santos.

1. Lignum Crucis con la cruz pectoral del papa Clemente XIV. Antonio Méndez, 1.796. Esta cruz es uno de los tres relicarios con el lignum crucis que existen en la Catedral. Propiedad de Clemente XIV, fue heredada, a la muerte de este, por su sobrino, monseñor Ganganelli, quien se la regaló al arzobispo de Sevilla, Francisco Javier Delgado Venegas, con motivo de su investidura como cardenal. Tras su fallecimiento fue heredada por su hermano, tesorero de la Catedral quien, a su vez, la dona al Cabildo. Este encarga en 1.794 el relicario que aquí vemos al platero Antonio Méndez, y luego regala la pieza a Godoy (manda narices). Afortunadamente, el relicario regresa a la Catedral tras la caída en desgracia del valido.
2. Pectoral, pasador y anillo de oro y brillantes regalado por la reina Isabel II al cardenal Manuel Joaquín Tarancón y Morón, 1.896.
3. Joyel de diamantes donado por doña Mencía de Andrade. Anónimo, segunda mitad del siglo XVII.
4. Cruz pectoral de amatistas y anillo del arzobispo Guisasola.
5. Anillo de brillantes donado por la reina Isabel II al cardenal Manuel Joaquín Tarancón y Morón, 1.896. Anillo y pectoral de diamantes y amatistas del cardenal Ilundáin, 1.937.
6. Anillo de esmeraldas y brillantes del cardenal Marcelo Spínola.
Arcas-relicario de San Florencio, San Servando y San Germán. 
Hernando de Ballesteros, el Viejo, 1.558.
Arcas-relicario de San Félix y San Celestino. 
Manuel Guerrero y Alcántara, 1.730-1.740
Pasamos ante la puerta de entrada de la Antesacristía y ya estamos en el lado de la Epístola. Junto a esta puerta, en el lado derecho, se sitúa una pintura representando la escena de La Piedad, obra de Francisco Bayeu, de 1.788.

La Piedad. Francisco Bayeu, 1.788.
La vista del muro sería:
Zona alta del muro de la Epístola.
La Visión de San Francisco. Juan Sánchez Cotán, 1.522.
San Leandro. Bartolomé Esteban Murillo, 1.655.
Tradicionalmente se considera que el rostro del santo pertenece al licenciado Alonso de Herrera.
Virgen de la Merced. Juan de Roelas, siglo XVII.
Parte baja del muro de la Epístola.
Variada colección de relicarios. El marcado con el número 1, de forma ovoide, es conocido como "relicario del Coco", anónimo del siglo XIV. Fue donado por el cardenal Gómez Barroso.
Relicario de San Cristóbal. Anónimo del siglo XV.
Doce relicarios de templete realizados por Francisco de Alfaro, 1.596-1.600.
Cajonera ante el muro de la Epístola. Fue realizada, junto a su gemela del muro del Evangelio, para la sacristía de la capilla de la Virgen de la Antigua.
Busto-relicario de Santa Rosalía, realizado en plata cincelada y repujada por Antonino Lorenzo Castro en 1.687. El culto a esta santa de Palermo fue impulsado por Jaime Palafox, arzobispo primero de Palermo (en aquella época perteneciente a la corona española) y luego de Sevilla.
Custodia-relicario de la Santa Espina (siglos XVI-XVII) y jarras de azucenas de Nuestra Señora de la Antigua (siglo XVII).
Conocida popularmente como La Custodia Chica, muestra en el primer cuerpo la reliquia de una espina de la corona del martirio y, en el segundo, una rosa de plata, estando todo rematado por la figura de la Fe. Fue donada por el cardenal Rodrigo de Castro, aunque otra versión afirma que fue comprada por el Cabildo al convento de las dominicas de Gibraleón en 1.756.
Ya tan solo nos quedan por ver los objetos situados en el interior de la sala. Una talla de San Fernando, de Pedro Roldán, se sitúa al pie de una de las columnas de los arcos torales.
San Fernando. Pedro Roldán, 1.671.
En la columna opuesta podemos observar la imagen de una Inmaculada Concepción, delicada obra de Alonso Martínez de 1.658 (autor también de la Inmaculada de la Capilla de la Concepción Grande). Ambas imágenes salen procesionalmente en la festividad del Corpus. 
Inmaculada Concepción. Alonso Martínez, 1.658.
Desde otro ángulo.
Detalle.
Por la sala se encuentran distribuidos cuatro grandes candelabros de plata (blandones), llamados popularmente Los Gigantes, esculpidos por Hernando de Ballesteros, el Joven, en 1.579. Fueron obsequio del arzobispo de México y virrey de Nueva España Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta, antiguo archidiácono de la Catedral de Sevilla, tras el descubrimiento de las minas de plata en Arizona. Formaban parte del exorno del Altar de Plata en las festividades en que este se instalaba.
Uno de los blandones llamados Los Gigantes.
El final del recorrido termina en el objeto más monumental de esta Sacristía Mayor: la Custodia Procesional de Juan de Arfe. La Solemnidad del Corpus Christi, instituida por Urbano IV en 1.264, es una de las más importantes del calendario litúrgico y su procesión está documentada en Sevilla desde al menos 1.363 hasta nuestros días.
La Custodia de Arfe en su emplazamiento actual, sobre la mesa de mármol que ocupa el centro de la Sacristía Mayor.
En las procesiones de los siglos XIV y XV el Santísimo Sacramento era trasladado en un arca de madera sobre unas andas con ángeles pintados, que conservó la Catedral hasta 1.506. Desde el siglo XV el Cabildo deseó mostrar y llevar la Hostia Santa durante la procesión en una custodia de plata que encargó el mayordomo Juan Martínez de Victoria y quedó inconclusa en 1.433. A comienzos del siglo XVI el platero Nicolás Alemán inició otra terminada en 1.528 que procesionó hasta la finalización de la actual, encargada a Juan de Arfe en 1.580. Compitió para el encargo con Francisco Merino y, aunque el proyecto de Arfe gustó más y ganó el encargo, a Merino se le gratificó con 1000 reales por estimar el Cabildo el mérito artístico de su propuesta. 
La custodia procesional del Corpus Christi labrada por Juan de Arfe es una de las obras más importantes entre las de su género por su perfección arquitectónica, sus correctas proporciones y su extraordinaria iconografía que manifiesta en plata la exaltación de la Eucaristía. El canónigo Francisco Pacheco fue el autor del programa iconográfico,  fundamentado siguiendo las directrices del Concilio de Trento.
Primer cuerpo de la Custodia de Arfe.
Terminada en 1.587, alcanza 3,90 metros de altura y pesa 475 kilogramos. Presenta cinco cuerpos decrecientes de arquitectura renacentista y órdenes clásicos perfectamente estructurados. La reforma más importante se acometió en época barroca, cuando encargaron al platero Juan de Segura la peana actual rodeada por doce jarras de azucenas, la escultura de la Inmaculada que sustituyó a la de la Fe en el interior del primer cuerpo, los ángeles que circundan la balaustrada de los cuerpos altos y la renovación del Orbe con la cruz del remate, originario por figura actual de la Fe.
Los cuatro cuerpos superiores de la Custodia.
La custodia desarrolla iconográficamente en el primer cuerpo la representación de la Iglesia militante, situando en el interior las figuras de los apóstoles Pedro y Pablo, la Sabiduría y el Entendimiento, escoltando a la Inmaculada. En la parte externa, los seis Doctores de la Iglesia apoyados sobre un basamento realzado con treinta y seis relieves del Antiguo y Nuevo Testamento, alternados y alusivos a la institución de la Eucaristía y, en el límite superior, las esculturas de los Sacramentos. 

Detalle del primer cuerpo.
En el segundo cuerpo, el espacio reservado para el viril de la Eucaristía queda rodeado por los Evangelistas y, en la zona exterior, doce Santos Patronos de la diócesis de Sevilla alaban al Santísimo Sacramento. La Iglesia Triunfante del tercer cuerpo con el Cordero apocalíptico sobre el Libro de los Siete Sellos, rodeado por los símbolos de los Evangelistas, tiene en el basamento relieves vinculados al sacrificio del Cordero. La Trinidad en el cuarto cuerpo precede al quinto coronado por la Fe.
Detalle del segundo cuerpo.
Esquema de la Custodia de Arfe. Cortesía del Diario ABC.
Tan solo nos queda salir de la estancia a través de las puertas talladas por Diego Guillén Ferrant y realizadas entre 1.547 y 1.549, en las que figuran relieves de dos pares de hermanos, muy sevillanos todos: San Isidoro y San Leandro en una de las hojas y las Santas Justa y Rufina en la otra.
San Leandro y San Isidoro.
Santa Justa y Santa Rufina.
La capilla de la antesacristía, por la que abandonaremos las estancias capitulares se encuentra en gran penumbra, impidiendo apreciar los grandes armarios situados en ambos lados, cuyas puertas fueron fueron talladas en 1.743 por Pedro Duque Cornejo. En el de la derecha veremos (con dificultad) relieves de La recogida del Maná Moisés haciendo brotar el agua de la peña. A la izquierda, Adán y Eva en el Paraíso y Veinte Santas Mártires.
Vista de la Sacristía Mayor desde la capilla de la antesacristía.
Ya en la zona de los fieles, nos giramos y veremos que sobre la reja que da acceso a esta capilla aparece un friso metálico en el que se muestran diecinueve pinturas, con una escena de la Piedad en el centro y profetas y apóstoles a los lados. Son obras de excelente calidad que pueden fecharse en el primer cuarto del siglo XVI. 
Capilla de la antesacristía, vista desde la nave central.
En el muro superior se abre una vidriera realizada por Arnao de Flandes en 1.556 con el tema de La expulsión de los mercaderes del templo.
 La expulsión de los mercaderes del temploArnao de Flandes, 1.556
Aquí termina el recorrido por las estancias capitulares de la Catedral de Sevilla. En las próximas entradas continuaremos nuestro recorrido por este lado sur, recorriendo la nave de la Epístola.